martes, mayo 28, 2019

BOSTON

Escribo Boston pero debería escribir: el agua.
Camino por esta ciudad: vieja, hermosa, húmeda, con invierno en primavera y llena de verdor.

Algo me pasa aquí, algo que podría definir como inquietante, en el sentido de que caminar por sus calles es como caminar por un límite entre la belleza y algo que no sabemos como se llama, pero también aunque nos hace temblar nos llena de regocijo. Asocio ese temblor con el agua, es una ciudad llena de agua y hoy además llueve.

Me lleno lo ojos de su arquitectura, de sus árboles, de sus atardeceres dorados y lejanos, de mi imagen trémula que se refleja abajo de mi sombra mientras cruzo un puente.
Trémula la imagen y trémula y excitada yo mientras cruzo un puente, mientras camino con la lluvia sobre la cabeza, plomiza y pequeñita sobre el abrigo.
Mientras siento que respiro agua y camino sobre agua. Mientras siento que puedo ser feliz de maneras no lineales, es decir, mientras siento que puedo ser feliz mientras las sensaciones me salen del costado y no de la cabeza ni del vientre. Es como si mis ojos tuvieran extensiones en la parte media de mi cuerpo y esta ciudad ampliara mi sensorium.