jueves, noviembre 08, 2018

charles aznavour "parce que tu crois"


Pasa de nuevo.

Vivo en una ciudad atroz donde la luz es tan inmensa que no deja ver lo sombrío de la distopía. Pese a ello, pese a la luz y a la distopía, a veces, salgo de mi anestesia y hay momentos que me atraviesan.

Hoy mientras conducía a toda velocidad por una arteria conocida como "vía rápida" y mientras sonaba la voz de Charles Aznavour con esta canción, ví a un chico en medio de la calle, con una guitarra colgada y con los brazos al aire, como si estuviera cantando a todo pulmón o simplemente como si rezara. Su cara estaba hermosa y despiadadamente iluminada, sus ojos no estaban allí, estaba de pie frente a una marabunta de coches pero en realidad estaba hablando con algo sublime, levantaba los brazos como si estuviera a punto de abrazar al sol o a Dios, la escena me pareció de una belleza insoportable, la imagen me dijo que por eso la luz corta los ojos.  El chico estaba allí a punto de echarle un pulso a Dios, desde su fragilidad, desde su magnificencia. Fueron unos segundo pero yo quede trémula, me quedé perpleja.

Una postal de la belleza contradictoria que es Tijuana, su luz y su máquina de despojo y deportación.

lunes, octubre 01, 2018

Un invierno privado

Mis manos se mueven sobre las teclas mientras contemplo por la ventana los árboles y el frío de Buenos Aires. Un frío placentero, un pequeño frío que me  mantiene alerta y despierta. Una especie de invierno privado. Sé que las sensaciones que me recorren el cuerpo: milimétricos mordiscos de frío hacen que la cabeza y el cuerpo intuyan algo poético. Algo pasando en el vaho de la respiración. Una profunda concentración una alegría tenue que acompaña a este frío. Algo como ser feliz a solas y con muy poco. Un paréntesis mental. Un regalo de tiempo y silencio. Un invierno en medio de la primavera bonarense. Algo casi mágico.

jueves, septiembre 13, 2018

La nostalgia tiene un rol

Cambia el clima, siento el ligero beso del frío sobre los milimétricos bellos de mi brazos. Se erizan. Tiemblo levemente y disfruto de este atisbo de cambio, este pequeño cambio. Hay una felicidad en lo pequeño en lo imperceptible y luego me percato que todo me sa en dos sentidos grandes alegrías acompañadas de prisa y angustia. Soy y estoy en ambos lados de la cosas: feliz y exhausta, alegre y nostálgica. En la prisa de la prisa y con ganas de parar. Septiembre está siendo un mes de transformaciones. De escuchar cosas que quisiera ignorar, de sonreír y dormir largamente, de abrir cajas de serenidad acompañadas de tempestades. Todo está, es el proceso, lo del proceso de estar danzando con ambos lados de las cosas.


domingo, junio 10, 2018

El sonido de los vidrios

Cuando pienso en el sonido de los vidrios recuerdo, casi de manera programática, el estruendo. Pero hoy no, hoy escuché, muy bajito, el sonido de cristales diminutos chocando entre ellos y el sonido era como de arena corriendo garganta abajo. No cualquier arena, sino una de muchos colores que hace cosquillas al bajar por el esófago. El sonido de los vidrios haciendo música mínima y no daño. Una especie de alegría pequeñita dentro del tímpano.

jueves, abril 05, 2018

Llueve incesantemente


Hay algo tranquilizador en esta lluvia bogotana que me hace sentir como en tiempo-paréntesis.

lunes, marzo 05, 2018

Los ojos en llamas

Me arden lo ojos y vuelvo a este lugar a escribir, sin pretensiones y con vergüenza, a decir que estoy triste y cansada. A decir, que lo que unx es y cómo es cansa. Cansa tanto y tan es difícil saber que unx es y no es. Que unx quiere todo el rato que las cosas sean distintas, pero por ahora me duelen la venas del cuello hasta para respirar y tengo ganas de salirme y no volver nunca a nada de lo que conozco. Siento que esto es un rebalse, un rebalse que no es otra cosa que un vaciamiento, extremo vaciamiento.
Este Sísifo de tristeza

"Lxs que luchan por la vida no merecen llamarse muertxs"

Frase leída en una pancarta en memoria a Bertha Cáceres a un año de su muerte.

No sé si se llama de alguna manera

pero hoy tengo la sensación de chocar una y otra vez con la palabra vencimiento.


domingo, febrero 25, 2018

Querer tener todas las palabras

Algo se agolpa en el cuerpo. Algo que se llama y no se llama. Algo difícil de asir, de describir. ¿Se me agotan las palabras? No, el lenguaje no se me agota nunca, pero el corazón se me entume y entonces ya no quiero decir, ya no quiero luchar. Sólo siento que quisiera escribir algo hermoso, algo que me iluminara el pecho, que no dejará sentir este gran y estúpido hueco inmenso. esta especie de cercenamiento.