jueves, noviembre 08, 2018

charles aznavour "parce que tu crois"


Pasa de nuevo.

Vivo en una ciudad atroz donde la luz es tan inmensa que no deja ver lo sombrío de la distopía. Pese a ello, pese a la luz y a la distopía, a veces, salgo de mi anestesia y hay momentos que me atraviesan.

Hoy mientras conducía a toda velocidad por una arteria conocida como "vía rápida" y mientras sonaba la voz de Charles Aznavour con esta canción, ví a un chico en medio de la calle, con una guitarra colgada y con los brazos al aire, como si estuviera cantando a todo pulmón o simplemente como si rezara. Su cara estaba hermosa y despiadadamente iluminada, sus ojos no estaban allí, estaba de pie frente a una marabunta de coches pero en realidad estaba hablando con algo sublime, levantaba los brazos como si estuviera a punto de abrazar al sol o a Dios, la escena me pareció de una belleza insoportable, la imagen me dijo que por eso la luz corta los ojos.  El chico estaba allí a punto de echarle un pulso a Dios, desde su fragilidad, desde su magnificencia. Fueron unos segundo pero yo quede trémula, me quedé perpleja.

Una postal de la belleza contradictoria que es Tijuana, su luz y su máquina de despojo y deportación.

No hay comentarios: